viernes 22 de febrero de 2008

EL PLACER DEL AFEITADO

Tras el disgusto de oír el despertador nos llegan algunos placeres que compensan el estridente sonido del dichoso aparato. El saborear un buen café, de embriagador aroma, nos levanta el ánimo y es una de las mejores formas de saludar el nuevo día. Ahora ya hay fuerzas para asomarnos a la ventana y … ¡efectivamente, empieza otro día!, ¡arriba!. Los días son largos y conllevan muchas situaciones de todo tipo y color, por ello es verdaderamente importante empezar con ilusión y alegría por lo que pueda pasar. ¿Qué otros placeres puedo disfrutar por la mañana antes de salir de casa? Indudablemente un buen afeitado.

Un buen afeitado, con agua templada, con un buen jabón de afeitar, convertido en fantástica espuma mediante el uso de una suave y acariciadora brocha de afeitar de tejón, es como un paseo por otra dimensión. Mi nariz recibe el siempre agradable perfume del jabón de afeitar, mi piel recibe las caricias de los pelos de la brocha y va notando la aparición de esa espuma siempre húmeda y esponjosa que se entremezcla con los pelos de la barba, que son excitados por el movimiento circular de la brocha. En estos momentos mis sentidos me envían agradables señales y soy consciente de que existo. Ahora viene el momento más esperado, ¡silencio por favor, la vida del artista peligra!: La cuchilla de afeitar entra en acción, retirando la espuma del jabón de afeitar y junto con ella la barba,… ¡qué maravilla es sentir la cara limpia, suave y fresca!.

El proceso puede finalizar de varias formas, la más tradicional y todavía muy adecuada es utilizar la piedra de alumbre para estañar, cicatrizar, desinfectar. Los que prefieran productos más modernos pueden encontrar una gran variedad de productos para después del afeitado. Cualquiera de las opciones es buena. La piedra de alumbre es más vivificante y estimulante; las lociones para después del afeitado no producen sensación especial salvo su agradable perfume.

2 comentarios:

Blogger Isabel ha dicho...

Si eso es cierto, ahora mismo voy a comprar una brocha.

22 de febrero de 2008 20:02  
Blogger Miguel ha dicho...

Absolutamente de acuerdo... hace unos años heredé la clásica maquinilla de afeitar Gillette de mi abuelo y poco a poco me fui atreviendo a ocuparla, descubriendo el arte del afeitado con navaja tradicional, de más de cien años. Indudable el aporte del hisopo o brocha de afeitar y de un buen jabón. Cada día me convenzo más de que antiguamente pese a la rusticidad, todo era más placentero.

12 de marzo de 2008 23:20  

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